Estar a solas (Basilio Pozo-Durán)

Estar a solas (Basilio Pozo-Durán)

Se trata de ponerse la música que suena desde adentro y empezar a caminar a su compás. Subir a la zona antigua de la ciudad, a ese casco viejo deprimido que sólo visitan los turistas en busca de las mejores vistas. Y desde allí, junto a los ojos exóticos que miran tu ciudad, sentirse un extraño más.

Me siento en alguna piedra del mirador y dejo colgar mis pies que peinan los tejados, los árboles, los semáforos más altos. Parece que puedo patearlo todo, pero no, lo que me sale es poner mis plantas justo en esa ventana, en esa rama y comprobar que es esta ciudad la que me sostiene en este abismo de murallas y torres de un imperio que cayó.

Ya sólo necesito algunas palabras que escribir en el blanco de una hoja. Hay sones de guitarra y quejíos hondos que escucho por dentro de mi cuerpo. Hace muchos años yo visité esta ciudad con mirada de turista. Hoy lo hago con ojos cómplices, como dos amigos que comparten su secreto.

El amor que se encapricha con insospechadas geografías, ciudades herméticas que se abren como la primavera. Y después de toda esa explosión de aromas y color, sigue ahí, majestuosa y callada, como una prostituta enamorada.

Me gusta estar a solas con ella, rodeado de los extraños de mi ciudad.

Publicado en on Viernes 29 mayo 2009 at 10:24 pm  Dejar un comentario  
Tags: , , ,

Ya estuve aquí

Ya estuve aquí (Basilio Pozo-Durán)

Ya estuve aquí, tal vez también en otro lugar, pero seguro que ya estuve aquí, justo aquí, donde cruzan todos los caminos que quieren arribar al Sur. Ya estuve aquí, exactamente aquí, en este mismo punto, punto definitivo.

Ya estuve aquí, tal vez también contigo, pero seguro que ya estuve aquí, aquí conmigo. Porque este cuerpo añora tu calor, que estuvo aquí. Porque estas alas invisibles se posaron otra vez aquí, en este mismo punto.

Ya estuve aquí, tal vez muy lejos de lo que no elegí, pero seguro que ya estuve aquí, es como si este río que penetra en medio al continente en principio sólo hubiera sido mi cicatriz.

Ya estuve aquí, tal vez porque esto me dolió y aún me duele, pero sobre todo porque me curará del tiempo de tanto soñar con verlo todo justo desde aquí, porque aquí el mundo y mi forma de mirar pueden pasear juntos al fin.

Ya estuve aquí, tal vez porque lo lloré todo sin estar pidiendo consuelo, pero sobre todo porque siento que ya una vez abracé todo esto, fue justo antes de que empezaran a salirme brazos, y cuello, y orejas, antes de que pudiera entender qué era un abrazo.

Ya estuve aquí, tal vez porque es como si tú también estuvieras, pero seguro porque eres justo aquella estrella de allí. Esa vez, cuando ya estuve aquí, sonreías y te brillaban los ojos como la luz de los monumentos, y tus ropas eran coloridas y alegres como el acento de la gente que es de aquí.

Ya estuve aquí, porque tal vez ellos sólo sean de aquí, pero seguro que nunca estuvieron aquí, antes aquí. Ya estuve aquí, aunque los de aquí nunca la soñaron, jamás la abrazaron antes de que le salieran brazos, Y jamás volverán porque nunca estuvieron, sólo les nacieron aquí, como me nacieron a mí allá lejos.

Ya estuve aquí, tal vez amando la luz de estos cielos, pero seguro que aprendiendo a caminar por sus calles, queriendo agarrar el sol en algún columpio de sus parques.

Ya estuve aquí, antes de que hubiera un antes, cuando el tiempo no sabía mi edad y el espacio no contaba las distancias en kilómetros.

Y ya estuve aquí, fundamentalmente porque siento que te estoy abrazando, con un abrazo que dura desde antes, cuando ya estuve aquí y me prestabas tus manos para que les quitara el frío. Y porque aprendimos a besarnos, porque nunca aquel silencio nos dijo tanto. Ya estuve aquí, porque cada luz de esta ciudad es memoria de tu piel y llega más allá de las líneas aéreas.

Ya estuve aquí, justo aquí, donde tú desaparece y yo es un susurro que endulza las bocas.

Ya estuve aquí, justo aquí…

Publicado en on Jueves 14 agosto 2008 at 12:57 am  Dejar un comentario  
Tags: , , ,

No es un viaje

No es un viaje (Basilio Pozo-Durán)

Un viaje no es la distancia que recorres, ni siquiera los lugares que visitas, ni las personas que conoces. Un viaje no consiste fundamentalmente en viajar. Digamos que basta aprender a moverse, aprender a respirar de otra manera. Con eso basta para viajar.

Parece increíble lo igual que es todo desde la ventanilla de un avión. Las aglomeraciones que solemos llamar ciudades son sólo cuentas de un collar muy largo de distintos tonos de amarillo. Como constelaciones aterrizadas. Y luego el océano. Oscuridad y oscuridad con algunas nubes más claras. Y en lo alto, imperturbables, algunos agujeros de luz. Pienso si alguien más los estará mirando precisamente ahora, a estos mismos agujeros, y así podrán convertirse en estrellas. Y al rato otra vez las constelaciones aterrizadas. Aunque éstas están muy lejos de las primeras, son muy parecidas. Tan sólo el frio y la humedad parecen ser nuevos.

Rugir de autos y bosques cercados de destrozos de una época dorada que quieren ser casas, incluso hogares. Y una ciudad de avenidas cruzándose en perfectas líneas perpendiculares y plazas de juegos y terrazas igualmente repartidas por cada cuadrante de la ciudad. No hace mucho que amaneció. La gente parece caminar, parece que tiene trabajo, parece que quiere llegar a algún sitio. Pero yo sólo veo que recorren una y otra vez la misma avenida copiada y pegada unas cuadras más allá. Las enumeraron como páginas de un libro. Algunas además, y las plazas, tienen nombre de algún general no muy antiguo que hay que estudiar en los libros de historia.

La casa, de sólo una planta baja. Un pasillo que distribuye dos habitaciones y al fondo la cocina. Luego otro pasillito que da al baño y a otra habitación. Y detrás de la cocina un trozo de baldosas entre paredes y sin techo que llaman patio. Todo está antiguo, pareciera a punto de derrumbarse, pero sirve, incluso parece querer competir con tanta comodidad y modernidad que abusan de nosotros por otras latitudes.

Cuando miro el mapa me aterra la imagen de verme tan al Sur y tan lejano de otro Sur, de mi Sur. Pero cuando empiezo a recorrer las avenidas copiadas y pegadas, con sus casa bajas, sus pequeños bloques de apartamentos de reciente construcción, sus tiendas, sus cines, sus teatros, sus edificios oficiales de un diseño importado de una cultura ya muy envejecida… entonces me siento como en casa y con menos prisas, con menos ojos prendiéndose a mi nuca juzgando mi forma de caminar, mis silencios, mi pararme a leerlo todo. Hasta una catedral gótica y casi hueca se mandó construir en este Sur. Casi nadie reza allá porque parece no haber nada a qué rezar. Pero pensaron que en el centro de toda ciudad debe debe haber no sólo el ayuntamiento, que ese poder es eventual, perecedero, sino que también enfrente plantaron un templo en honor a la nada, ésta sí imperecedera. Y unieron los dos edificios en una gran plaza para despejar las dudas sobre lo parecidos que son el poder y la nada.

Los autos son más ruidosos y alocados que en el Sur del que vengo. Conviven los modernos con los que yo llamaría antiguos. Cuanto más antiguos más parecen a punto de chocarse. Y apenas hay pasos de peatones. Con cortes perpendiculares les basta para organizarse. El semáforo para los autos está al comienzo de la siguiente avenida y el auto se para en la intersección que hay justo antes de que cruce la otra avenida en perpendicular. Sorprendentemente apenas usan el “pu-pu-puú” estridente que tanto suena en el otro Sur, y se paran en seco justo cuando el semáforo se pone rojo. Y en las plazas, grandes rotondas para los autos, también hay que cruzar cuando intuyes que te dará tiempo a alcanzar la otra orilla.

Eso sí, la gente, más que amable. Sin tanto humor de perros ni quejas por tonterías. Los buses también están antiguos y ruidosos. Casi se descomponen a cada frenada. Pero la gente no se empuja ni se agolpa para entrar en los buses. Pide paso, permiso, se disculpa. Y algunos conversan pero sin gritar. Otros hasta se atreven a quedarse dormidos. Sin curvas que tomar, con sólo avenida más avenida, y sin que nadie les avise saben cuánto queda para su parada.

Y las comidas, mucho cereal, carnes y sobre todo té, mate… Materias primas sobre todo, aunque no tienen una forma original de cocinar o de preparar algún plato. Al menos yo no la conozco aún.

La ropa aquí es de abrigo en pleno agosto, como en todo el Sur del Sur. Y no se ponen apenas adornos ni se peinan de forma llamativa. Los colores de sus ropas apenas son colores. Pantalones, y jersey, y abrigo de un color de no-color.

Yo traje abrigo pero también traje color. A ver si logro contagiar a todas estas perpendiculares avenidas.

Publicado en on Miércoles 13 agosto 2008 at 1:01 pm  Comentarios (1)  
Tags: , , ,

También en primavera cuesta estar vivo

También en primavera cuesta estar vivo (Basilio Pozo-Durán)

Porque en este Sur todas las canciones me hablan de ti.

Cuando te quería mucho y mal me enseñaste a cantarlas. Paseábamos juntos todas las horas de esas tardes infinitas. Y la luz, que es siempre demasiada en este Sur, me robaba la de tus ojos detrás de unas gafas oscuras. Muy oscuras.

Me voy para olvidarte. El trato que me das… me sabe a tan poca cosa…

Porque también en primavera cuesta estar vivo.

Publicado en on Sábado 3 mayo 2008 at 8:44 pm  Dejar un comentario  
Tags: , , ,
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.