Que los sueños rotos y cuándo vuelves (Basilio Pozo-Durán)

Que los sueños rotos y cuándo vuelves (Basilio Pozo-Durán)

Una estrella perdida, que se escondió de esta noche tan noche. De saber que la buscan los perdidos en ciudades encantadas que van a dar el mar que es la soledad. Ni peces ni barcos. Estrella oculta, cansada de mar.

Convertida en amar (esto es, asoledad; no-soledad, no-mar), fue a brotar en el sitio justo donde más se extraña el mar, donde más lejos queda. Fue del sintí hasta el contigo. Brilló allí donde la soledad no tiene un desierto de agua para hundirse.

Sintí o contigo. Ser o noser. O juntando todo hasta que seamos estrella de mar. Si es que amar es matar el mar, matar la soledad. O más bien amar la soledad, ya más muerta que nunca, en tu cuerpo salado de sudor y flujos.

Amar la soledad más muerta justo ahora que mis cinco dedos como puntas de estrella penetran tu sexo. Cómo amar. Así. Justo así. Sólo así. Así nomás. Aquí. Así. Ahora. Así.

Y entonces, estrella perdida, olvida. Las palabras que no llegaron a tiempo. Los trenes que están por partir hacia el Sur. Que hay fiestas, que acaba, que los sueños rotos y cuándo vuelves. Todo. Olvida todo.

Publicado en on Martes 28 julio 2009 at 4:38 pm  Comentarios (1)  
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Ven a rescatarme (Basilio Pozo-Durán)

Ven a rescatarme (Basilio Pozo-Durán)

En este garaje de autos viejos
las cadenas cuelgan y aprietan
allí donde el cuerpo tiene
horas, minutos y segundos,
y se ajustan los zapatos.

Espero el fin de este secuestro,
que te me aparezcas
de cuero hasta las manos
y muy descalza.

La fusta en tus manos
me excita de dolor,
me desnudas a golpes
y me sostiene sólo el deseo
entre mis piernas.

Busco tu mirada esquiva
entre los agujeros de tu antifaz.
Mientras lamo de tus pies
tus dedos desnudos
me derramas cera
hirviendo por mi pecho.

Justo ahora que pierdo
el sentido y es mayor mi deseo,
me abres las cadenas
y recorro con mi lengua
el cuero en tu cuerpo.

No me dejes
atado de deseo.
No te vayas ahora,
no vuelvas a secuestrarme.

Regresa,
de cuero hasta las manos.
Ven a rescatarme.

Publicado en on Viernes 19 junio 2009 at 12:18 pm  Dejar un comentario  
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Conéctate como no-conectado (Basilio Pozo-Durán)

Conéctate como no-conectado (Basilio Pozo-Durán)

Conéctate como no-conectado,
visible sólo para mí.

Ya no te lo haces sola
desde que tengo webcam.

Tecleas que la quieres toda
y yo una carita de cejas levantadas.

Navego hacia ti
para escribir en tu vientre
un poema con mi leche.

Miro mi imagen en la pantalla
con el deseo
con que me miras tú.

La noche de mañana
lo haremos otra vez
y otra (siempre la última)
sin tocarnos.

Al amanecer, el sol
hace brillar algunas gotas
sobre el teclado:
el poema en tu vientre
que mancha estas teclas.

Mientras lo hagamos así,
de esta manera,
a solas, invisibles,
habrá deseo.

Publicado en on Viernes 12 junio 2009 at 10:30 am  Comentarios (1)  
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La otra mitad de mí (Basilio Pozo-Durán)

La otra mitad de mí (Basilio Pozo-Durán)

Se arrastra, escarba, arranca raíces, descubre cuevas y no quiere saber nada. Sólo desea. No conoce, siente. Toca, se deja tocar, lame, golpea, aprieta y, al final, acaricia el fruto líquido de su sexo como al ser vivo más frágil de toda la existencia.

Sueño que llueve por dentro de todo mi cuerpo, que se desata una tormenta en mi interior descargando tu flujo en infinitas gotas de placer, como floración que no acabara, con la rosa excitada a punto de abrirse al sol.

Busco a golpe de clic sexo que sea más sexo que ningún otro…

(clic aquí para leer el post completo)

Publicado en on Sábado 30 mayo 2009 at 11:42 pm  Dejar un comentario  
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Canal Siete (Basilio Pozo-Durán)

“Canal Siete” (Basilio Pozo-Durán)

Quiero ser
tu cámara de seguridad
para poder verte cuando pienses
que nadie te mira ya.

Hasta sueña contigo
mi televisor,
y eso que sólo se enciende
cuando dan el porno
en el Canal Siete.

No es una forma de espiar
cómo te quitas el maquillaje,
tras ese espejo
es donde yo quiero estar.

Sí es una forma de acariciar
tus ojos como ese algodón
que les quita el negro
y les pone luz.

Y tu barra de labios
como mi pene en tu boca:
la punta roja,
el resto oscuro.

¡Vaya, justo ahora!
Desapareció el rec,
no me queda más cinta.

Pongo el Canal Siete
y no apareces.

Te sigue soñando mi televisor.

Publicado en on Miércoles 20 mayo 2009 at 3:28 pm  Dejar un comentario  
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Orgasmo de ojos sin mano

Orgasmo de ojos sin mano (Basilio Pozo-Durán)

Quiero ver atardecer desde tu vientre para que el sol ponga llamas en tu sexo y abrir tus labios con un río de saliva y fluidos. Quiero ser la lengua que no tienen tus dedos, las otras dos manos apretando tus senos y poner en tu boca el sabor de tu flujo, y ese olor que no destruye el suavizante con que lavas tu prenda más ocultada.

Quiero que de tanto no estarte quieta encima de mi centro, tus rizos de atrás y de delante, de arriba y de abajo, de tu cuello a tus orejas, se enreden, formen nudos fuertes, una red de cabellos rebeldes. Porque después de follar es el mejor momento para peinarte. Desenredar tus rizos, extenderlos sobre tus hombros, acariciarlos en tu espalda clara y suave como una lengua. Y al pie de ella mirar los destellos todavía calientes de mi semen rociado en tu cintura.

Entonces tú, soñolienta y despierta, ligera e incapaz casi de moverte, te tiendes. La sábana deja sólo al aire tu espalda y tu cintura. Las piernas, más cercanas a la tierra, siempre son las primeras en tener frío. No me lo pides pero yo sé lo que quieres. Un masaje. Con crema: una composición exclusiva para una piel como la tuya. El sudor de tu espalda se mezcla con las gotas derramadas de mi semen. Subo mis dedos por el centro de tu espalda, aprieto mis palmas a la altura de tus hombros y las voy deslizando hasta tu cintura. Luego hago el mismo recorrido haciendo círculos pequeños con mis nudillos.

Cada golpe de olor de esa crema, cada pliegue que dibujo en tu espalda, cada nervio, cada músculo, cada hueso que te descubren mis manos es como una mano espiritual que me hiciera una paja. Que apretara y agitara mi pene. Al terminar el masaje te quedas como dormida-pero-despierta, en un lugar indeterminado entre la sábana que cubre tus piernas y mi pene. Y esa mano espiritual me lo ha puesto duro. Sí, vuelvo a estar excitado pero tú casi duermes.

Entonces llevo mis dedos a mis sienes. Me las acaricio en lentos círculos mientras recreo en mi mente cada gesto de ese masaje que a ti tanto te relaja y que a mí por el contrario me excita. Siento mi pene cada vez más grande y más grueso, noto como se levanta más y más como queriéndose liberar de los testículos. Sigo con mis dedos en mis sienes, los ojos cerrados y pensando en ese masaje. Noto los primeros intentos de eyacular, las primeras vibraciones, pero paro. No, no quiero eyacular, no hace falta ya.

Pude sentir esa sensación del orgasmo, sin excitarme manualmente y sin eyacular. De repente mis piernas tienen frío y las abrigo frotando mis manos sobre ellas. Abro los ojos y te veo. Ya estabas despierta, con unos ojos llenos de admiración y ternura. Golpeas suavemente el colchón con tu mano, invitándome a recostarme a tu lado. Entiendo entonces que lo has visto todo, que me estabas mirando mientras alcanzaba ese mi primer orgasmo sin mano.

Me acuesto a tu lado, miro tus ojos y siento que han sido ellos los que me llevaron hasta ese orgasmo.

Publicado en on Lunes 4 agosto 2008 at 10:28 am  Comentarios (1)  
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¿Es que no podemos follar como amigos?

¿Es que no podemos follar como amigos? (Basilio Pozo-Durán)

Puede que queramos, que nos miremos con deseo, que veamos cuerpos excitados escapándose por nuestros ojos. Y del abrazo, del empujoncito, de la caricia, del masaje, una fuerza irreductible, nacida en la médula del deseo, nos haga apretarnos infatigablemente y agitarnos como si quisiéramos desgajar la piel de los huesos. Un arañazo, un pellizco, una mordida, besos con saliva, lenguas y mejillas. Abrazarnos con las piernas, desenterrar un cuello bajo el cabello.

Pero las manos permanecen quietas. No echan de menos nada. Sólo juegan los cuerpos, las manos no tocan, los dedos no meten ni sacan, no aprietan ni se manchan. Cuerpos rozándose, agitándose, frotándose. A ratos duros, otras veces frágiles. Y esquivos. O pesados. Cuerpos saciados y mojados. Agotados.

Y tú te corres pero yo no. Y otras veces al contrario. Pero no recurrimos a las manos para lograr lo que tu cuerpo y el mío no alcanzaron. Sólo cuerpos rozándose, agitándose. Sin desnudos. Sin dentros ni afueras. Sin lenguas que no estuvieran en otra lengua.

El objetivo nunca puede ser correrse y sí quedarse, yo en ti y tú en mí. Sentir, pasada la agitación, la suave presión de todo tu cuerpo en todo mi cuerpo.

Y no hablar. Tampoco mirarnos mientras dura el baile. O sí, sí, mirarnos pero de otra manera, con los ojos tan cerrados que puedo ver cada onda de tu cuerpo en lo oscuro de mis ojos cerrados. Y tú el mío en los tuyos.

No ponerle ningún nombre. Ni pasión, ni rollito, ni liarnos, ni excitarnos, ni provocarnos. Ni siquiera sexo. No llamarle nada.

Eso sí, todo como en un baile. Nadie da, nadie recibe, pero todos siguen los pasos, se marcan el ritmo sin decírselo, y juegan a jugar. A que se puede todo lo que alguna vez se ha querido. A que es verdad que vivimos lo que sentimos.

Como fruto, como recompensa merecida, una pregunta menos que ya no nos acompañará hasta la muerte: ¿Es que no podemos follar como amigos?

No hay amigos más amigos, más seguros de su amistad, que aquellos que no se niegan lo que llaman “sexo”, lo que es sólo cuerpo. Y es que todo lo que somos es cuerpo y la amistad no es plena si no afronta sin miedo, como si de otro juego se tratara, las irrenunciables potencialidades de dos cuerpos festejando su encuentro.

Publicado en on Sábado 2 agosto 2008 at 3:09 pm  Comentarios (6)  
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Te conviertes en amor prohibido

Te conviertes en amor prohibido (Basilio Pozo-Durán)

Es apetito de esta piel aún joven, curiosidad de estos dedos exploradores, el deslizarse suave de las lenguas entre sabor a chicle y a tabaco.

Porque aprendimos a robarle a la geografía las habitaciones más frescas del Sur. Aunque la historia y sus mapas llenen tu tierra de nacionalismo y la mía de folclore, con sus banderas tejimos sábanas de seda para acariciar nuestros momentos más tiernos.

Pero en cada labio hay un beso que se queda sólo en deseo y en cada desnudo hay ganas feroces que hubieran soñado tener los ojos ciegos.

El sexo, incluso el no consumado, introduce relaciones de poder que son incompatibles con la decidida libertad de una amistad, por más estrecha y cariñosa que ésta sea.

Para que pueda contarte el descubrimiento incomparable de mi primera vez, para que me entere de la tuya por un brillar nuevo en tu mirada, para que me enseñes la diferencia entre un gemido de placer y otro de dolor, para que con nuestros flujos no eche a correr también nuestra amistad.

Por eso te hablo de la gente nueva que conozco, te pregunto por ella y te escribo cartas ahora ya sin poesía. Y es así, amiga, que te conviertes en lo más querido, en amor prohibido.

Publicado en on Viernes 1 agosto 2008 at 12:02 am  Dejar un comentario  
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