Esta noche nos vamos (Basilio Pozo-Durán)
Esta noche nos vamos
antes de que cierren los bares.
Antes de que la mañana
te ponga rebanada
y relojes gritando.
Esta noche nos vamos (Basilio Pozo-Durán)
Esta noche nos vamos
antes de que cierren los bares.
Antes de que la mañana
te ponga rebanada
y relojes gritando.
Serán ojos (Basilio Pozo-Durán)
Libro de poemas.
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Clandestino pero con pasión (Basilio Pozo-Durán)
Intento hacer filosofía
mirando a las mujeres que anuncian lencería
en mi parada de bus,
pero son tan irreales,
cuántas verdades hallaría
si ellas fueran tú.
Las fotos escondidas que cuelgas
en la red, son luminosos de hoteles
de lujo, en carreteras repletas
de hombres casados
que pierden los papeles
mientras descienden sus braguetas.
Y a veces te quiero y te suplico
que le des al mundo un apretón
de manos que me hagan el amor
como un masaje de peluquería china:
clandestino pero con pasión.
En Marte, los siglos y tú (Basilio Pozo-Durán)
Mi viento de Marte,
siglos soñándote
y tú sin esperarme.
Las marcas de tus monosílabos
son en mi piel las tradiciones,
los ritos que repito
para creer que aún me dueles.
Contigo mis tardes mejores.
“Ojos verdes”,
“cabeza con alas”,
me dijiste,
y al marcharte
tu cepillo de celdas abiertas
quiere morderme las encías
desde el cuarto de baño.
Indesnudos, indestruidos, interminados…
acaban en dos, pero no somos ni tú ni yo.
Verbena de mis noches más oscuras,
por qué poco, casi, a punto de
desaparecernos
-desapareciéndote y desapareciéndome-
hasta el como si nunca.
Al vernos ensayamos con éxito
la indiferencia de las farolas,
y cuando nos alcanza el deseo
besamos las bocas anónimas
de gentes que ya no podrán ser amor.
Si fuiste lo que una vez necesité,
hoy te superfluo entre comunicados
y ruedas de prensa con foto…
por si en alguna salimos los dos
y en el pie nos vuelven a unir
los nombres, como por accidente,
a pesar de esta sintaxis vital
que tanto nos desconcuerda.
En Marte, los siglos y tú.
Muñoz Rojas, a ciegas (Basilio Pozo-Durán)
Señor que me has perdido las gafas,
por qué no me las encuentras?
Me paso la vida buscándomelas
y tú siempre perdiéndomelas,
me has traído al mundo para esto,
para pasarme la vida buscando unas gafas,
que están siempre perdiéndoseme?
Para que aparezca este tonto
que está siempre perdiendo sus gafas,
porque tú eres, Señor, el que me las pierdes
y me haces ir por la vida a trompicones,
y nos das los ojos y nos pierdes las gafas,
y así vamos por el mundo con unas gafas
que nos pierdes y unos ojos que no nos sirven.
Y no vemos, Señor, no vemos,
no vemos Señor.(poema I en “Objetos perdidos”, de José Antonio Muñoz Rojas)
El poeta Muñoz Rojas, el “profundamente religioso”, muletilla que repiten todos los periodistas en cada crónica del poeta que se ha publicado tras su reciente fallecimiento, como si de los méritos para una próxima beatificación se tratara, este poeta, digo, nos ofrece en este poema en forma de oración la confesión de una crisis de fe.
Y digo crisis de fe y no crisis existencialista, del sentido de la existencia, porque el poema, como toda oración, interpela en todo momento al “Señor”. El existencialismo interpela siempre a un vacío, que está aquí y ahora, y del que el individuo es el único responsable. No es éste el caso ante el que nos encontramos. Aquí el poeta llega a un vacío existencial pero no a través de un cuestionamiento existencialista, sino del “Señor”. Y esto es lo que le lleva a ese vacío del que en ningún momento se siente responsable. Es incapaz de solucionarlo por sí mismo y por eso acude a la divinidad para acusarle de perderle “las gafas”.
Hay que señalar que toda crisis de fe no conlleva necesariamente una pérdida de esa misma fe. En nuestro caso asistimos al cuestionamiento de que esa fe sirva para dar significado a la vida. Así: “me has traído al mundo para esto”. Y también: “para pasarme la vida buscando unas gafas”. De esta crisis se puede salir abandonando la fe, abrazando otra, o reafirmándose en la misma. Esto último parece que es lo que le ocurre al poeta, pues, al apelar en su poema insistentemente al Señor, reafirma a la vez su esperanza en que es la divinidad y sólo ella la que acabará por encontrarle las gafas para sus ojos. En otras palabras: el sentido de su vida para su sed de sentido.
“Trompicones” es la expresión que utiliza para explicarnos la forma en que ha ido recorriendo su vida a caballo de esa fe. Esta expresión es la misma que aparece en otros poemas del escritor, en los que recrea paisajes y anécdotas que ocurren en el campo, en caminos rurales cuyo firme está lleno de irregularidades que obligan a ir a “trompicones”: saltos, caídas, rodeos… Estos “trompicones”, que son exclusivamente materiales en esos poemas, se cargan aquí de un sentido inmaterial, metafísico, y cuyo significado más exacto podría ser el de la duda. Así, si la fe es la confianza absoluta, la seguridad o certeza en algo humanamente no comprobable, su mayor “trompicón” no es otro que la duda, esos momentos donde la humana razón, siempre curiosa e insatisfecha, se pone a hacer preguntas y siente que no encuentra las respuestas.
Aunque comparto con los cronistas de los medios que la religiosidad es uno de los elementos claves que están presentes en la obra de Muñoz Rojas, no estoy de acuerdo en llegar a considerarlo como un escritor “profundamente religioso”, pues esto hablaría de una fe firme y constante a lo largo de todas sus obras. Frente a esto, en “Objetos perdidos” podemos ver una religiosidad que discute y dialoga con el mundo, con la cotidianidad, con el paso del tiempo, etc. En definitiva, una religiosidad muy lejana del ‘beaterío’ que supone esa expresión de “profundamente religioso”.
En su libro “Objetos perdidos”, en contra de la superficialidad y el materialismo que sugiere el título, nos encontramos poemas donde la metafísica y la crisis de fe son el tema principal. Iré comentándolos uno a uno para ayudar a dar a conocer al Muñoz Rojas que también duda y se hace preguntas.
Ven a rescatarme (Basilio Pozo-Durán)
En este garaje de autos viejos
las cadenas cuelgan y aprietan
allí donde el cuerpo tiene
horas, minutos y segundos,
y se ajustan los zapatos.
Espero el fin de este secuestro,
que te me aparezcas
de cuero hasta las manos
y muy descalza.
La fusta en tus manos
me excita de dolor,
me desnudas a golpes
y me sostiene sólo el deseo
entre mis piernas.
Busco tu mirada esquiva
entre los agujeros de tu antifaz.
Mientras lamo de tus pies
tus dedos desnudos
me derramas cera
hirviendo por mi pecho.
Justo ahora que pierdo
el sentido y es mayor mi deseo,
me abres las cadenas
y recorro con mi lengua
el cuero en tu cuerpo.
No me dejes
atado de deseo.
No te vayas ahora,
no vuelvas a secuestrarme.
Regresa,
de cuero hasta las manos.
Ven a rescatarme.
Conéctate como no-conectado (Basilio Pozo-Durán)
Conéctate como no-conectado,
visible sólo para mí.
Ya no te lo haces sola
desde que tengo webcam.
Tecleas que la quieres toda
y yo una carita de cejas levantadas.
Navego hacia ti
para escribir en tu vientre
un poema con mi leche.
Miro mi imagen en la pantalla
con el deseo
con que me miras tú.
La noche de mañana
lo haremos otra vez
y otra (siempre la última)
sin tocarnos.
Al amanecer, el sol
hace brillar algunas gotas
sobre el teclado:
el poema en tu vientre
que mancha estas teclas.
Mientras lo hagamos así,
de esta manera,
a solas, invisibles,
habrá deseo.
Ojos que sean ojos (Basilio Pozo-Durán)
Si hubiera alma
y el alma tuviera ojos,
serían los ojos con que miras.
Ésos que en el centro de la barbarie
conjuran la ternura,
los mismos que ponen oídos
a la soledad de las calles.
Ésos que cierran por derribo
los faros de lejanos puertos
y también los que sueñan
por quienes ya no dormirán nunca.
E incluso los que luchan
en batallas que otros perdieron.
Serían los ojos con que miras
un mensaje en clave
para que salga el sol
y queme de recuerdos los cementerios.
Serían los que siguen caminando
en un mar de ruina,
los que acuerdan la paz
cuando el aire aún sabe a pólvora.
Ojalá alguna vez
los ojos sean ojos,
ojalá.
“Más que dos lunas” (Basilio Pozo-Durán)
La luna,
y encima dos,
está muy lejos,
y si hay nubes
ni te cuento.
Pero somos tan poderosos…
Basta con muy poco
para ver dos lunas:
en dos ojos,
cuando está atardeciendo
y el sol se deja mirar.
Y entonces,
en unos ojos oscuros,
ese cachito de sol que queda,
que ya se está escondiendo.
Una luna en cada ojo,
así más clarita, reflejándose
en esos ojos oscuros.
Yo espero tener
esas dos lunas
casi todos los atardeceres.
¿Y tú, tienes esas dos lunas?
¿No?
Somos tan poderosos.
“Canal Siete” (Basilio Pozo-Durán)
Quiero ser
tu cámara de seguridad
para poder verte cuando pienses
que nadie te mira ya.
Hasta sueña contigo
mi televisor,
y eso que sólo se enciende
cuando dan el porno
en el Canal Siete.
No es una forma de espiar
cómo te quitas el maquillaje,
tras ese espejo
es donde yo quiero estar.
Sí es una forma de acariciar
tus ojos como ese algodón
que les quita el negro
y les pone luz.
Y tu barra de labios
como mi pene en tu boca:
la punta roja,
el resto oscuro.
¡Vaya, justo ahora!
Desapareció el rec,
no me queda más cinta.
Pongo el Canal Siete
y no apareces.
Te sigue soñando mi televisor.