Tu mirada dijo lo que te dejaste por decir (Basilio Pozo-Durán)
¿Eres nuevo? No, no soy nuevo, me has visto casi siempre, casi cada día, con sol y lluvia, con viento y frío (más…)
Tu mirada dijo lo que te dejaste por decir (Basilio Pozo-Durán)
¿Eres nuevo? No, no soy nuevo, me has visto casi siempre, casi cada día, con sol y lluvia, con viento y frío (más…)
[Yo y El Sexo] Explosión de ojos (Basilio Pozo-Durán)
Hago trenzas en tu sexo y tus pechos se ponen altos, de pie, para después sentarse a golpes sobre mi cara.
He probado todas las formas de ser mirado sin dejar…
Ya no tienes tiempo (Basilio Pozo-Durán)
Ya no tienes tiempo para mí. Sueño que tus ojos me van a rozar, justo delante de los míos. Ya están tan cerca que los siento como tu piel por las mañanas, cuando todavía no sabe a aire de ciudad. Me están tocando tus ojos y entro en ellos como mi lengua en tu boca cuando te beso. ¿Cómo es que tienes esos ojos y cómo es que los pones tan cerca de los míos? ¿Cómo es que hablan? Te miro. Mis ojos hablan con los tuyos. Algunas veces dicen que sí. Otras dicen que no. Pero siempre dicen que más, más cerca, un poco más.
Nadie nunca querrá a nadie (Basilio Pozo-Durán)
Toca odiarse. Toca amarse. Porque toca. Toca mirarse. Toca darse la espalda. Porque toca. Toca alejarse. Toca tocarse.
Este mundo que tan sólo es nuestro. Que vemos desde la atalaya de nuestro amor. En la desnudez de los cuerpos y en la metafísica de la distancia. No vemos abismos ni cumbres imposibles. Escapar es encontrarnos. Besar es sólo nuestras bocas con hambre. Y manos entrelazadas, fuertemente apretadas, por si te pierdo, me caigo de la alfombra mágica y ya no te encuentro.
Para ti. Por ti. Para mí. Por mí. Para nosotros. Por nosotros. Y abiertos a la lucha diaria por un mundo mejor. Para los dos. Para todos.
Fiesta del fin de fiesta, como verano que se fue y que apenas llegó. Con el otoño que faltó a su cita y el invierno ensimismador que nos pone guantes y calcetines.
Porque nada toca. Porque no nos toca nada. Es tiempo de libertad, de empeño por ser nosotros, por ser dos (y tres). La ropa, pequeña y nueva, para el pequeño y nuevo. Los juegos como un tirón de pelos y una sonrisa de dos (sólo dos dientes).
Ya no toca hacer nada simplemente porque toca. Los demás, si vuelven algún día, no encontrarán nada. Apenas restos de civilización, de amor porque toca.
Porque ya nadie nunca querrá a nadie. Sólo tú y yo. Sólo nosotros.
Mientras, los demás no se miran ni para decirse adiós.
En tus ojos, yo. En los míos, tú.
Nadie nunca querrá a nadie.

Ojos que sean ojos (Basilio Pozo-Durán)
Si hubiera alma
y el alma tuviera ojos,
serían los ojos con que miras.
Ésos que en el centro de la barbarie
conjuran la ternura,
los mismos que ponen oídos
a la soledad de las calles.
Ésos que cierran por derribo
los faros de lejanos puertos
y también los que sueñan
por quienes ya no dormirán nunca.
E incluso los que luchan
en batallas que otros perdieron.
Serían los ojos con que miras
un mensaje en clave
para que salga el sol
y queme de recuerdos los cementerios.
Serían los que siguen caminando
en un mar de ruina,
los que acuerdan la paz
cuando el aire aún sabe a pólvora.
Ojalá alguna vez
los ojos sean ojos,
ojalá.
Un simple capricho del mando a distancia (Basilio Pozo-Durán)
Abrí una puerta alta, pesada, ruidosa, gastada… y sin embargo blanca, blanca de sol, sol del Sur. Y luego una escalera antigua se plantó frente a mí.
Te sostenía en el tercer o cuarto peldaño. Sandalias negras, unas mallas azules y una camiseta blanca de tirantes y, encima de todo, tu pelo negro, muy negro, recogido en una cola que hacía cosquillas por tu cuello.
Al crujir de la puerta te giraste, nunca sabré quién creíste que sería la persona que abrió la puerta, pero miraste como esperando a alguien importante y conocido. Ahí estaba yo y tus ojos grandes y oscuros.
Subimos la escalera con el presentimiento de dirigirnos al mismo piso, sabíamos que un mismo motivo nos había juntado allí.
Después de muchos años, casi una eternidad, ceno con esos mismos ojos contándome las verbenas del verano por la televisión local. Y hoy también sé que este encuentro no es un simple capricho del mando a distancia.