Aprender a no esperar (Basilio Pozo-Durán)
Sólo un fuego triste que apenas calienta. Que echa de menos el mundo que ya no existe, sus personajes de carne y de hueso, sus palabras (más…)
Aprender a no esperar (Basilio Pozo-Durán)
Sólo un fuego triste que apenas calienta. Que echa de menos el mundo que ya no existe, sus personajes de carne y de hueso, sus palabras (más…)
El mundo apenas conmovido por tu ausencia (Basilio Pozo-Durán)
Miro el mundo apenas conmovido por tu ausencia. La dictadura de la primavera en plena nevada. El invierno es (más…)
Al final vivir se hace más difícil que morir (Basilio Pozo-Durán) – Ciudad de vida y muerte (Nanjing! Nanjing! – City of Life and Death) (Lu Chuan)
Yo era un simple soldado al servicio de mi patria. Luchaba en el frente contra el enemigo. Lo eliminaba cuando sus acciones ponían en peligro la seguridad de los míos.
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Aspiro a la eternidad (Basilio Pozo-Durán)
Aspiro a la eternidad de los felices micromomentos sin sentido, un cielo con autopistas para constantes estrellas fugaces, asistir cada día a la celebración de instantes irrepetibles.
A mi primo lo empujé yo por las escaleras – Oxide Pang Chun – Sei Mong Se Jun (Ab-normal Beauty) (Anomalía) (Basilio Pozo-Durán)
Siempre quise atrapar momentos. En pintura. O en fotografía. Capturar un instante de silencio mientras todo lo demás sigue en movimiento, rugiendo. Pero últimamente me dejaron de interesar las cosas, los edificios, los paisajes. Tienen un silencio demasiado artificial como para ser creíble. Las clases de retratos desnudos en la academia de pintura me despertaron la curiosidad por la gente, por capturar los silencios humanos. Pronto una casualidad, presenciar un accidente, disparó mi cámara en busca del silencio más desolador: el último, justo antes de morir.
Muertes parciales (Basilio Pozo-Durán)
Antes de que me digan no te vayas y no me pueda quedar, tengo que decir adiós en voz baja, con la boca pequeña y el corazón doliendo. Las piruletas que no supe abrir en su momento se han vuelto rancias y son sólo ya peces rojos en el contenedor.
El sueño de ser número uno en alguna disciplina deportiva, aquellas pestañas infinitas que me hacían cosquillas en la barriga, los caminos de vuelta a casa que ya no recorro y los números de nueve cifras que ya no me devuelven tu voz.
Los cuadernos que llené de lágrimas con sujetos y predicados, ese cine que cerró y las lecturas infantiles en cajas de cartón amontonadas en el armario.
Y el último verano con aquella canción que me perseguía como tu cuerpo detrás de cada toalla.
Tantas muertes parciales que me mantienen vivo.