¡Qué miedo me da esta sociedad! (Basilio Pozo-Durán)
La paz es un silencio cómplice con la explotación de algunos fuertes sobre muchos débiles.
Me da miedo (más…)
¡Qué miedo me da esta sociedad! (Basilio Pozo-Durán)
La paz es un silencio cómplice con la explotación de algunos fuertes sobre muchos débiles.
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Yo quiero ser muy peligroso (Basilio Pozo-Durán)
Que sepan, aterrados, cuando entro y salgo del barrio. Sus respiraciones entrecordatas dibujando vaho tras las ventanas. Que tiemblen mientras leen mi nombre en el periódico. Y que piensen que esa moto, ese coche, ese reloj… todo es robado. Que agarren a sus hijas de la mano. Y pongan doble cerradura a sus puertas. Que sólo se oigan mis pasos por la calle cuando cae la tarde. Y cuando llamen al teléfono y se interrumpa la comunicación crean que soy yo, que sé que están en casa, y que ni en ella se sientan a salvo. Ni de mi trabajo, ni de mi familia, que no sepan nada. Sólo de mis planes, comandos y extorsiones. Los besos y arrumacos, tendré que darlos en el piso franco, lejos de las miradas de los parques. Y caminar rápido, como si me estuvieran siguiendo. Pero saludar siempre, al menos, eso sí, para que luego puedan salir por la tele diciendo: a mí me saludaba todas las mañanas, era un chico normal. Y hacer mucho ruido de muebles por las noches, como queriendo esconder algo. Vestir bien, perfumado y zapatos muy limpios.
Muy peligroso. Eso es lo que yo quiero ser.
Ahora que ya todo es real… te imagino (Basilio Pozo-Durán)
Sintagmas en las copas. De los árboles aterrizan raíces aéreas. En los pétalos de aquella flor los capitalistas discuten si el mundo se termina o se acaba. Y como la noche se hacía muy larga, como ya casi nadie duerme todo lo que hay que dormir, y cada vez quedaban menos pétalos para discutir… apareció el viento empujando al sol, a las almohadas y a las flores de otras geografías. Y con la luz más real de la ciudad todos duermen satisfechos.
Las sílabas, en esos sus incisivos tan separados, parecían engordar hasta hacerse palabras: luz, flor… y mar. Ahora han acordado dejar de discutir y arrojar los pétalos a la fuente. Piden que llegue un viento capaz de secar la mar. Ya no les sirve para viajar, ni para pescar, ni para desalar su agua y poder bebérsela. Ahora algunas penínsulas son islas, y las islas son restos arqueológicos sumergidos. Y a menudo llega un viento que arranca árboles, derrumba edificios y arrastra automóviles, pero que no logra secar la mar. Todo por una sílaba que quiso ser palabra. Y con la mar más real de la ciudad todos duermen satisfechos.
Junto a las flores hay un bebé sucio y frío que las devora una a una. Una montaña de violines rotos lloran al fondo de la escena en un travelling interminable. Son campos y campos de flores desfloradas. Y yo estoy aquí, con el miedo como única flor de esta primavera que me estafó. Y con la flor más real de la ciudad todos duermen satisfechos.
Ahora, justo ahora que todos duermen, ahora que ya todo es real… te imagino.