Para que nazca un libro (Basilio Pozo-Durán)
A los textos sin libro, a las vidas sin voz:
No es literatura, ni filosofía barata, ni simples juegos de palabras, tampoco hablar de lo que otros no ven. Lo necesario es, únicamente, tener algo que escribir. Ni siquiera que expresar, única y realmente necesario, imprescindible, algo que escribir. Para nada, sentirse llamado/a a ser escritor/a.
Cada día te quiero más. Siguiendo el impulso amoroso (iluso o ingenuo) han nacido muchos libros. Y no son los más deseados por sí mismos, sino por las hazañas amatorias que cuentan y que los lectores sueñan realizar alguna vez. Cuánto daño han hecho estos libros. Porque hablaban sólo de mitos literarios y no de relaciones personales reales. Para cuando los lectores se dieron cuenta de que ese amor era sólo literatura ya todos buscaban editor para publicar este otro libro: cada día te odio más.
Todo parece sonar mejor si se publica en forma de libro. Tendremos entonces que hablar de fetichismo libril, de la eroticidad de una edición de bolsillo o de una de tapa dura. Son esos que los guardan en el armario del baño junto al cepillo de dientes. El sexo, siempre tan literario.
Otras veces se usan para explicar, para quitarle el velo al mundo, a la vida. A éstos en concreto los llaman “libros de texto”, como si los demás contenieran sapos o fideos en vez de texto. Su labor la llaman didáctica, pedagogía, educación, formación, etc. Lamentablemente, para cuando sus lectores descubren su verdadera naturaleza: manipulación, adoctrinamiento, etc. ya es demasiado tarde y se encuentran fotografiando jardines en lugar de saltando sobre ellos.
Incluso están los que sirven para decir qué son y cómo se deben usar. Los consideran complejos electrodomésticos con letras en vez de botones que nos proporcionarán confortabilidad, paz, verdad, felicidad.
Como en todo, también hay discriminados. Son esos que tratan de los marginados, de los expulsados de los paraísos del capital. Y, como sucede en la comunidad humana, son denominados de todas las maneras menos como libros. Los llaman manifiestos, panfletos, hojillas, propaganda…
Extrañamente son de éstos últimos de los que más necesitamos. No los encontrarán en ningún lugar, ni físico ni virtual, de esos que dicen almacenar libros. Basta con andar con paso enamorado hacia los perdidos, los ocultados. Es lo único necesario para que nazcan libros. Lo demás es sólo una leyenda, literatura pura, puro simulacro.