Antes de que tu luz me hiciera sombra (Basilio Pozo-Durán)
Antes de que tu luz me hiciera sombra, te llené con mi ruido; ahora suenas tan insoportable, (más…)
Antes de que tu luz me hiciera sombra (Basilio Pozo-Durán)
Antes de que tu luz me hiciera sombra, te llené con mi ruido; ahora suenas tan insoportable, (más…)
Vas a quedarte húmeda y en silencio (Basilio Pozo-Durán)
Vas a quedarte húmeda y en silencio, como los hombres de Venus. Sin más prisa que dejar pasar el tiempo. Y vas a moverte lo justo para acariciar mi cuerpo sin fin, que empieza donde acaba, que acaba donde empieza. Cierro los ojos y lo exploras como un ensayo de laboratorio.
Te llamo… ahora (Basilio Pozo-Durán)
Te mandé cientos de besos que nunca recogiste. Más de mil días, y sigo vivo, después de aquel desayuno frío, helado. Sin arrepentimientos, he aprendido a vivir de otra manera. Recuperar el poder para poder poblar esos lugares con nuevos significados, para no mancharlos de nostalgia ni de ecos antiguos. Y amar en ellos porque ya no estás tú, ni necesito tu piedad en forma de perdón.
Tu mirada es una duda traviesa (Basilio Pozo-Durán)
Tu mirada es una duda traviesa que quiere hacerme creer en el amor. Tu sonrisa, un gesto extraño que llama la atención de mi desesperanza.
Para toda la semana hay menú a ocho euros, incluido pan, bebida y postre. Para toda la semana hay menú a ocho horas, incluido hipoteca, tráfico y precariedad.
Los mejores poemas de amor (Basilio Pozo-Durán)
Los mejores poemas de amor se escriben cuando ya no queda amor.
Si te vas lejos amarás tu hogar, si me odias es porque siempre recordarás nuestro amor que ya no está.
Pido una canción para estos días, que dure como el amor: muy poco. Desde el antes al después, con un ahora que nunca fue.
Poniendo nombre a lo que ya no existe. Ideas como casas encantadas donde sólo hay presencias pero no cuerpos. Aprendiz de cazafantasmas, sismógrafo de un corazón que ya no volverá a temblar.
Y en el mapa de esta ciudad, nubes negras para todo el año.
Que pasen de largo las ambulancias. Funerarias en los jardines de infancia. Patines para cojos.
A la orilla de tu hombro el mar de la vida parecía menos revuelto, ponía confianza donde antes había miedo.
Esta noche los taxis se detienen para recogerte de la fiesta y rescatarte de los tacones, y unas llaves te depositan en una cama que ya no es nuestra.
En el baño quedan cuchillas de afeitar y colonia masculina. Ayer hiciste limpieza general. Todo acabó en la basura.
Ya no queda nada: es hora de los mejores poemas de amor.
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Soneto de la dulce queja (Federico García Lorca)
Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que me pone de noche en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas, y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío.
No me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.
Que tenías frío y sueño (Basilio Pozo-Durán)
Que tenías frío y sueño, y una sonrisa con hambre de almohada, de ojitos cerrándose sin querer mientras miran algo que no existe tras la ventana. Suspiras o bostezas con las manos juntas bajo tus rodillas entrecruzadas. Sentada eres como una barca flotando en una fuente de ciudad: calma y tiempo en medio del ruido y la prisa. Y pedimos que no llueva para que no se nos llenen las manos de paraguas. Con tus dedos diminutos le haré cosquillas a esta rutina de clases y discursos inútiles. Modificaremos todas las normativas e impondremos por decreto la competencia para amar: transversal, obligatoria y práctica, muy práctica.
(Reflexionabas sobre los retos y las dificultades, y yo te oía escuchando sólo el gesto de tus labios, tus manos moviéndose y casi, a punto de darme la razón en un primer y único beso casual… y deseado).
Estar contigo (Basilio Pozo-Durán)
Estar contigo es ponerle nombre al futuro, como si el mañana tuviera tus mismos ojos. Es el tiempo que no se consume, la lluvia que vino para quedarse y llevarse la tierra seca. Todo un vacío que es luz, una luz de atardecer, luz que se deja mirar. Es llenar de besos los mapas.
Esta noche nos vamos (Basilio Pozo-Durán)
Esta noche nos vamos
antes de que cierren los bares.
Antes de que la mañana
te ponga rebanada
y relojes gritando.
Sigamos ininvadidos (Basilio Pozo-Durán)
Para que podamos seguir amándonos sin invadirnos, sin ocupar los territorios y los horizones del otro, como el mar que respeta los caminos de todos los barcos, que no opone resistencia al giro de sus timones ni al momento de levar anclas. Que sigamos siendo igual de barcos, igual de libres, imprevisibles como el viento, y que sigamos manteniendo esta comunicación, este mar, como la confianza necesaria para no invadir nuestros propios rumbos, para que las estelas de espuma que dejan nuestras embarcaciones no se entrecrucen ni se hagan heridas.
Porque no quiero poner el tapón a la bañera, acumular agua estancada, yo quiero que fluya por el desagüe, sin guardar pasados que hagan subir el nivel del agua y nos impidan respirar, ver el futuro libre de predicciones y deseos obligatorios.
Hasta ahora lo vamos haciendo así. Por más que tú sueñes. Por más que a mí a veces se me escape algún sueño. Pero no sería justo. No serías tú ni sería yo. Y entonces no serían mi vida ni la tuya la que compartiríamos en cada momento, sino metros y más metros cúbicos de agua estancada que desfiguraría nuestras siluetas, nuestros cuerpos, sumergiéndonos en una ilusión de burbujas que no nos dejaría respirar.
Sigamos ininvadidos.