Dejo de confiar en la gente (Basilio Pozo-Durán)

Dejo de confiar en la gente (Basilio Pozo-Durán)

De tenerles fe, pensar bien, creerme que lo que dicen es lo que harán siempre. Dejo de confiar en los demás sí o sí. Porque confunden la amistad con un cheque en blanco que el amigo avalará hagan lo que hagan. Porque defienden lo indefendible si el implicado es un amigo. Porque tienen principios a gusto de consumidores: somos de los nuestros. Porque es lo último que necesito para sentirme seguro y valorado. Mi seguridad en mí mismo y mi autoestima han sido siempre inversamente proporcionales a la gente en la que he confiado. Sí, hay un cero coma por ciento que se salvan, pero no por ello voy a condenarme a equivocarme con el noventa y nueve coma por ciento restante.

Porque dicen lo que sus amigos esperan oír. Como una orden religiosa donde sus miembros ayudan a ocultar los abusos a menores mientras todos se aprovechan de seguir abusando. Igual pero aún peor, porque frente a la violación de los cuerpos hay algo más grave aún que es la violación de las conciencias. Y para estar donde están tal vez puedan funcionar sin conciencia de clase, pero lo injustificable es que por norma actúen con los procedimientos de la clase enemiga: dobleces, apariencia, amiguismo cómplice, etc.

Una vez descubierto esto, puedo seguir relacionándome, conviviendo con ellos, pero sabiendo que se limitan a interpretar (a menudo es poco creíble) un papel. Sabiendo que es un juego, y decidiendo cuándo entrar y hasta dónde en su juego. Porque los que en verdad se la juegan a diario por los más desprotegidos no están pensando, discutiendo cómo se debe discutir, simplemente están luchando porque su realidad no les deja otra opción.

Es la equivocación más reciente que he tenido. Y ya estoy poniendo los medios para que sea la última y definitiva en cuestiones de confianza. Y mañana, y al día siguiente, y al otro, a luchar. ¿Los que discuten lo evidente? No voy a convencerles para que se decidan a arriesgarse, no espero que lo hagan y por el bien del resultado de la lucha preferiría que no lo hicieran nunca.

Publicado en on Lunes 17 Agosto 2009 at 1:14 pm  Comentarios (3)  
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Nada entre los dos (Basilio Pozo-Durán)

Nada entre los dos (Basilio Pozo-Durán)

Que seguías hablando tan bonito, tan bonito como siempre. Dormir sobre un mismo colchón. Y despertarme al notarte inquieta. Tu respiración agitada. Tus ojos volando frenéticos bajo tus párpados. Tan sólo mi mano en tu hombro como un abrazo sin tiempo. Y tus pestañas volvían a sonreír.

No está bien. Eso de desvestirse así y casi en público. No podías con tu cuerpo. Temblabas y no era de frío. Tampoco podías probar bocado. Y entonces dejábamos que fuera viernes, o sábado, o mejor aún, domingo por la tarde y compartir el odio al fútbol. Lo cierto es que era lunes a la hora de comer. Y qué. Alquilábamos pelis de dos en dos. Las dos de esas para llorar mucho. Tú en un sofá y yo en el otro. Y palomitas y refresco de cola en botellas de dos litros. Más de una vez se acababan las letras y aparecía el menú del DVD con su montaje de imágenes y música que se repetía una y otra vez. Y los dos callados, casi inmóviles. Aún no habíamos acabado de llorar. Cuando ves una historia así ya aprovechas para llorar por todo lo que tienes ganas de llorar. Porque no se trata de amores imposibles, sino constantemente perseguidos. Y en esa época los dos estábamos cursando una maestría en persecuciones.

Que me seguías llamando peque. Eso siempre me hizo más grande, más importante, más en primer plano cuando lo escuchaba en tu voz. Y cuando tú te empeñabas en hacerte pequeñita y verlo todo como una escalada cruel, yo te llamaba por tu nombre en diminutivo que pretendía ser el de una lágrima.

Que nos encontrábamos en clase y ya nos costaba muchísimo separarnos. A comer. A buscar ese libro para hispanoamericana. A ese restaurante donde tienen ese helado tan rico. A compartir la pasta de dientes. A dormir, uno bajo la ropa de cama y otro encima con una manta, luego nos hicimos manta el uno para el otro y ya no hizo falta esa manta. A masajes en la espalda.

A todo eso, quédate. Y entonces empezamos a vernos menos. Una semana. O dos. Hasta un mes. Y dejamos de ponernos al día de todo. Ni suerte nos deseamos para el examen de esa asignatura.

Que me seguías llamando peque y hablando tan bonito como siempre. Y que no pasaba nada, nada entre los dos.

Esta noche soñé.

Publicado en on Miércoles 15 Abril 2009 at 10:26 am  Comentarios (1)  
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¿Es que no podemos follar como amigos?

¿Es que no podemos follar como amigos? (Basilio Pozo-Durán)

Puede que queramos, que nos miremos con deseo, que veamos cuerpos excitados escapándose por nuestros ojos. Y del abrazo, del empujoncito, de la caricia, del masaje, una fuerza irreductible, nacida en la médula del deseo, nos haga apretarnos infatigablemente y agitarnos como si quisiéramos desgajar la piel de los huesos. Un arañazo, un pellizco, una mordida, besos con saliva, lenguas y mejillas. Abrazarnos con las piernas, desenterrar un cuello bajo el cabello.

Pero las manos permanecen quietas. No echan de menos nada. Sólo juegan los cuerpos, las manos no tocan, los dedos no meten ni sacan, no aprietan ni se manchan. Cuerpos rozándose, agitándose, frotándose. A ratos duros, otras veces frágiles. Y esquivos. O pesados. Cuerpos saciados y mojados. Agotados.

Y tú te corres pero yo no. Y otras veces al contrario. Pero no recurrimos a las manos para lograr lo que tu cuerpo y el mío no alcanzaron. Sólo cuerpos rozándose, agitándose. Sin desnudos. Sin dentros ni afueras. Sin lenguas que no estuvieran en otra lengua.

El objetivo nunca puede ser correrse y sí quedarse, yo en ti y tú en mí. Sentir, pasada la agitación, la suave presión de todo tu cuerpo en todo mi cuerpo.

Y no hablar. Tampoco mirarnos mientras dura el baile. O sí, sí, mirarnos pero de otra manera, con los ojos tan cerrados que puedo ver cada onda de tu cuerpo en lo oscuro de mis ojos cerrados. Y tú el mío en los tuyos.

No ponerle ningún nombre. Ni pasión, ni rollito, ni liarnos, ni excitarnos, ni provocarnos. Ni siquiera sexo. No llamarle nada.

Eso sí, todo como en un baile. Nadie da, nadie recibe, pero todos siguen los pasos, se marcan el ritmo sin decírselo, y juegan a jugar. A que se puede todo lo que alguna vez se ha querido. A que es verdad que vivimos lo que sentimos.

Como fruto, como recompensa merecida, una pregunta menos que ya no nos acompañará hasta la muerte: ¿Es que no podemos follar como amigos?

No hay amigos más amigos, más seguros de su amistad, que aquellos que no se niegan lo que llaman “sexo”, lo que es sólo cuerpo. Y es que todo lo que somos es cuerpo y la amistad no es plena si no afronta sin miedo, como si de otro juego se tratara, las irrenunciables potencialidades de dos cuerpos festejando su encuentro.

Publicado en on Sábado 2 Agosto 2008 at 3:09 pm  Comentarios (3)  
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Te conviertes en amor prohibido

Te conviertes en amor prohibido (Basilio Pozo-Durán)

Es apetito de esta piel aún joven, curiosidad de estos dedos exploradores, el deslizarse suave de las lenguas entre sabor a chicle y a tabaco.

Porque aprendimos a robarle a la geografía las habitaciones más frescas del Sur. Aunque la historia y sus mapas llenen tu tierra de nacionalismo y la mía de folclore, con sus banderas tejimos sábanas de seda para acariciar nuestros momentos más tiernos.

Pero en cada labio hay un beso que se queda sólo en deseo y en cada desnudo hay ganas feroces que hubieran soñado tener los ojos ciegos.

El sexo, incluso el no consumado, introduce relaciones de poder que son incompatibles con la decidida libertad de una amistad, por más estrecha y cariñosa que ésta sea.

Para que pueda contarte el descubrimiento incomparable de mi primera vez, para que me entere de la tuya por un brillar nuevo en tu mirada, para que me enseñes la diferencia entre un gemido de placer y otro de dolor, para que con nuestros flujos no eche a correr también nuestra amistad.

Por eso te hablo de la gente nueva que conozco, te pregunto por ella y te escribo cartas ahora ya sin poesía. Y es así, amiga, que te conviertes en lo más querido, en amor prohibido.

Publicado en on Viernes 1 Agosto 2008 at 12:02 am  Dejar un comentario  
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