Crezco (Basilio Pozo-Durán)
Crezco, desde la tierra que empapé con mi llanto. Crezco, es tiempo de mirar más allá. Crezco, ya escuché demasiado, ahora lanzo mi mensaje, pronuncio mi verdad al viento, la libero de mí.
Del ‘yo’ al ‘nosotros’, crezco.
Quizás sea lo único que pueda hacer, pero no por ello debo sentir que no soy libre. Me queda la libertad de hacer el camino.
Tuve problemas, pero también tuve soluciones. Galopé a lomos del fracaso mientras los demás permanecían inmóviles, recostados en su éxito. Y sigo sin llegar a ninguna parte, porque sé que el truco está en seguir, siempre, en no detenerme.
En cada gota de lluvia está toda la lluvia, en cada olvido del ayer está todo el futuro. Sin paraguas, dejando que el agua selle las heridas. Y sólo entonces olvidar, dejar marchar, sin ataduras de la memoria.
Cada noche mi almohada me besa en la mejilla; mi conciencia, que se vació de voces ajenas, extrañas, impuestas y se hizo silencio para llenarse de mí.
Y estoy aquí, justo aquí, percibiendo la realidad, permitiéndole que me golpee o me acaricie. Con todo el horror del mundo, que también soy yo… y aún estoy aquí, todavía no salí corriendo.
Todos los días ensayo una nueva mirada desencantada (‘desenfantasmada’) del mundo, sabiendo que lo inalcanzable está al alcance de la mano sólo por una ilusión visual, como el dedo que tapa el sol; pero sabiendo también que lo posible es sólo el nombre triste que los cómodos le ponen a lo urgente, a lo necesario.
Y no tengo más que esta tierra, donde ahora crezco y que un día me recogerá para dejarme aquí, con mi cuerpo agradecido, como ofrenda para la vida.


