Te llamo… ahora (Basilio Pozo-Durán)
Te mandé cientos de besos que nunca recogiste. Más de mil días, y sigo vivo, después de aquel desayuno frío, helado. Sin arrepentimientos, he aprendido a vivir de otra manera. Recuperar el poder para poder poblar esos lugares con nuevos significados, para no mancharlos de nostalgia ni de ecos antiguos. Y amar en ellos porque ya no estás tú, ni necesito tu piedad en forma de perdón.
Pero somos tiempo. Tan distintos y tan iguales a como éramos entonces. El miedo a mirar tus ojos en un rostro más viejo. El miedo a enseñarte los míos más realistas.
Crecer contigo fue el fruto de tanto amor. Esperé al dolor incurable para darme cuenta. No quiero hablarte después de tanto para decirte gracias, tampoco lo siento, ni cómo estás.
¿Eres tú? Soy yo. Y yo… Hola. Quería saludarte. Bueno, ya lo estás haciendo. Sí, y me alegro. Está bien. Nada, ¿te va bien? Sí, bastante bien. Me alegro. ¿Y a ti? Bueno, no me quejo, estoy bien. Tú como siempre. ¿Yo? Sí, como siempre. No, si supieras… Es que a lo mejor no quiero saber y no acabas de darte cuenta. Bueno, no te estoy contando nada. Pero es lo que quieres, por eso me llamas. Vale, de acuerdo. ¿Seguro? No te creo. Que aquí estoy por si después de tanto tiempo crees que podemos hablar tranquilamente, sin más problema. Tranquilo que cuando lo crea lo haré. Está bien. ¿Algo más? No, que te cuides mucho. Sí, yo siempre me cuido. Un saludo para ti también. Chao. Chau.
Hay golpes en la vida, tan fuertes … ¡Yo no sé! Pasabas por aquí, pero eran las cuatro y diez.
Nunca un sí se pareció tanto a un no.
Mi unicornio azul. El amor en los tiempos del chat. Las hadas.
Bodas de… Cien años de… cronopios y famas.
Recortes de prensa, notas dejadas en la mesa de estudio, velas con flores y Rinaldi con el corazón al sur.
Sí, te llamo… ahora.


