No elijas; no renuncies (Basilio Pozo-Durán)
La gente se trata a patadas, como si la vida fuera sólo un partido de fútbol. A patadas con quienes les aman, a patadas con quienes les escuchan, a patadas con quienes les aprecian. Porque con quienes les odian al menos compiten, y agradecen la competición por ver quién se trata peor. Pero cuando aparece alguien que simplemente les quiere, entonces no pueden competir con él y se lían a patadas. Hasta echarle de su vida, de su espacio y del tiempo que ya no quieren compartir con él.
Porque elegí no vivir al margen, porque me importa todo y todos los que me rodean, porque navego por este mundo hasta enfangarme y no le pongo precio a los sentimientos. Sin ideologías ni moralinas. Sólo recibo patadas por actuar de frente, involucrarme, llenarme hasta el fondo en todo lo que hago.
Me olvidé de lo más importante: que cuando eliges no sumas sino que restas. No añades más amigos, más actividad, más libertad. No. En cada elección es mucho más lo que dejas que lo que tomas. Fui ingenuo al pensar que esta elección no me iba a obligar a ninguna renuncia. Y durante un tiempo seguí actuando igual, sin renunciar a nada. Las patadas seguían allí, pero apenas me dolían ya. Y aún hoy la gente me trata a patadas.
Tardé un poco más en aprender cuáles eran las renuncias de esta elección. Ya las sé. El conocerlas no me salvará de las patadas, pero todos sabemos que los perros que se sientan cuando su amo se lo ordena suelen recibir menos golpes que los que siguen ladrando y se ponen sobre dos patas.
Si puedes, tú no elijas; no renuncies. Trata a patadas a toda la gente que puedas y disfruta de todos los perros que se sientan cuando tú se lo ordenas. Y sigue viviendo al margen. Y pase lo que pase: da patadas. No elijas; no renuncies.





Elegir siempre significa excluir a algo o alguien, y la verdad, con el tiempo estoy viendo que es mejor no hacerlo, que es mejor incluir a todo y a todos, en lo posible. Y al que no le guste, que se autoexcluya.
Un beso