Juventudes Comunistas de Antequera – Charla y coloquio sobre la diversidad afectivo-sexual en la educación. Orgullo LGTB 2009, a la escuela sin armarios

Juventudes Comunistas de Antequera – Charla y coloquio sobre la diversidad afectivo-sexual en la educación. Orgullo LGTB 2009, a la escuela sin armarios

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Este año se conmemoran los 40 años de la primera marcha por los derechos de la comunidad LGTB. Tuvo lugar la noche del 27 al 28 de junio de 1969 en Stonewall Inn, único bar de Nueva York donde se podía reunir la comunidad LGTB, y donde eran numerosas las redadas policiales. Hasta que esa noche decidieron unirse y rebelarse, hubo cargas policiales y numerosos detenidos. Al año siguiente, se realizaría la primera marcha del Orgullo por Cristopher Street, la calle del barrio neoyorkino de Greenwich Village donde hoy día sigue situado el mítico bar. Desde entonces han sido muchos los avances conseguidos por este colectivo, siendo un ejemplo a seguir por otros sectores marginados y discriminados por la sociedad.

Sin embargo, todavía son muchos los ámbitos y situaciones en que estas personas se sienten excluidas. El lema de la marcha estatal de este año es “A la escuela sin armarios”. Se busca concienciar a la sociedad de los problemas que padecen en los centros de enseñanza.

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Publicado en  on Sábado 4 Julio 2009 at 9:45 pm Dejar un comentario
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Pequeña gran parte de mí (Basilio Pozo-Durán)

Pequeña gran parte de mí (Basilio Pozo-Durán)

Soy también así. No la mitad de dos mundos incompletos condenados a encontrarse, estallar, unirse y separarse continuamente. Soy así y me quiero así.

Todas las mujeres que me educaron. Soy. Que amé, odié. Que me dañaron. Que llenaron de sentido el placer. Muy femeninas. Y muy masculinas. Que desean hombres. Que desean otras mujeres. Que desean hombres y mujeres. Simplemente mujeres, cuerpos y deseos.

Las primaveras de doce meses. Los besos que socorren a los labios antes que las palabras. Los sueños de cambio, el realismo de los fracasos y llorar con el compromiso y la fuerza de ellas, sin la rabia y el ego herido de ellos (que a veces también son yo).

Que comparten sus embarazos inesperados, sus abortos deseados, la primera vez que sólo fue dolor y la virginidad a los treinta por el amor a su dios. Las que, en esta masculina soledad, me desatan esa pequeña gran parte de mí que baila con las manos al hablar, mira siempre a los ojos y se sienta siempre con las piernas juntas.

Y entonces encuentran abrazos las erecciones inoportunas, los orgasmos que gocé más sin eyacular, ese culito de hombre que es obvio que es estéticamente perfecto, y el último libro que leí, e incluso la forma de comprometerme con alguien aunque no me quiera igual.

¿Orgullo? Sí, mucho. De esa pequeña gran parte de mí que, tal vez la más querida, se conjuga en femenino plural: ellas.