Compartir listas de solidaridad (Basilio Pozo-Durán)
Es triste vivir en la misma ciudad que tu ex. Y puede ser ex-pareja, ex-amiga, ex-compañera… Y si es una ciudad media es difícil no cruzarse por alguna acera al menos una vez al año. Las ciudades de ese tamaño se empeñan en recordarnos que el pasado no es del todo pasado todavía. Porque pasado no es que pase el tiempo, pasado es cambiar de lugar, cambiarse de ciudad.
Pero los dos sabemos que, en esta ciudad-mundo, compartimos intereses muy parecidos. Sabemos qué noticias, de qué temas, nos mueven el piso. Qué tipo de actualidad pasa de la realidad a infriltarse en nuestras vidas y nos conmueve.
Y aunque no te haya perdido del todo porque seguimos moviéndonos por la misma ciudad, yo te busco, yo sí sigo buscándote. En otra ciudad-mundo, sí, por internet. No es tan difícil encontrarte y encontrarme, encontrarnos. Mi nombre y apellidos. Y en otra búsqueda tu nombre y apellido. Y así, sin entrecomillar los términos de búsqueda ni nada, entre los veinte primeros resultados que arroja el buscador, compartimos una misma web, una misma URL. Y son páginas comprometidas, de solidaridad con alguna causa internacional o algún problema local. Un manifiesto público firmado por varias personalidades relevantes, y una dirección de e-mail a la que enviar los datos personales con el DNI. Y al poco aparecen los nombres y apellidos de las personas que firman también ese manifiesto de apoyo.
¡Qué curioso! Tanto tiempo apoyándonos. Yo en ti. Tú en mí. Y ahora, como disimulando, nos da por compartir listas de solidaridad.


