A mi ateo más querido, Mario Benedetti (Basilio Pozo-Durán)
Me hacían cosquillas las orejas cuando recitaban alguno de tus poemas en la radio de madrugada. No sabía quién eras. Sólo que me hacías cosquillas, más allá de las orejas, cada vez un poco más allá.
Pero ella se reía cuando le hablaba de ti, aunque me los leía con otro amor, cargadas de deseo como balas al corazón. Se me hizo pedacitos…
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