Las linces responden a los obispos (Basilio Pozo-Durán)

Las linces responden a los obispos (Basilio Pozo-Durán)

Sí al derecho al aborto libre y gratuito y a la investigación con células madre embrionarias

- ¿Sin célula de identidad? (Miguel Ángel Sabadell – Muy Interesante)

¿Cuándo un ser humano es eso, un ser humano? Ésta es la polémica que existe en torno a las famosas células madres embrionarias.

Para muchos, somos seres humanos desde el momento de la concepción, y los embriones descartados de la reproducción asistida deben ser protegidos de cualquier experimento. Éste es su argumento primordial: “La vida humana es sagrada”. Siempre me han olido a cuerno quemado frases tan grandilocuentes y universales. ¿Si toda vida humana es sagrada, por qué muchos que se oponen a la investigación con células madre no hacen lo mismo con la pena de muerte? Y no sólo me refiero al “terno malvado” Bush, sino también al Vaticano, que la abolió del derecho penal en 1969 pero no la eliminó de la Constitución hasta el 2000. Eso sí, el Catecismo, en su punto 2266, señala que se deben “aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte”. ¿Es o no es sagrada la vida, toda vida?

¿Qué hacer frente a tal dilema? Añadir la coletilla de “vida humana inocente”. Los universales desaparecen como por ensalmo. Claro que decidir quién es inocente tiene su miga; si no, dense una vuelta por los juzgados.

Muchos, al margen de su filiación religiosa, coinciden con la Academia Pontifica: “El embrión humano vivo es, a partir de la fusión de los gametos, un sujeto humano con una identidad bien definida”. El error es de bulto: la fecundación puede durar hasta 12 horas; y 14 días después de materializarse, el embrión puede formar gemelos o trillizos. ¿Dónde queda la “identidad bien definida”? ¿O es que dos gemelos son la misma persona?

El problema fundamental es la falacia del continuo: posiciones extremas conectadas por pequeñas diferencias intermedias son lo mismo porque no podemos establecer un límite objetivo para el cambio. Por eso, asegurar que unas pocas células arracimadas son un ser humano es igual que decir que una semilla es un árbol. Curiosamente, quienes defienden con más ardor la no investigación con embriones son los que creen que el ser humano posee alma. De ahí la prohibición renacentista de hacer autopsias, o plantearse no usar técnicas de reanimación en pleno siglo XX. Definir qué es ese ser, cómo llega al embrión o de dónde viene son cuestiones no resueltas, pero tales minucias no impiden argumentar sobre cuándo un grupo de células, que no piensan ni sienten emoción alguna, pues carecen de sistema nervioso, es un ser humano. Por comparación, un chimpancé es más un hombre que un embrión masculino.

Le propongo un experimento. Ha de tomar una decisión: un misil nuclear va a caer en España y usted debe elegir entre dos objetivos. una ciudad de un millón de habitantes o un pueblo abandonado con sólo uno. ¿Qué hacer? Ahora, imagine que llega a un hospital en llamas y sólo puede rescatar o a una mujer o un recipiente con un millón de embriones congelados. ¿Haría la misma elección que en el caso anterior? Quizá todos seamos seres humanos, pero algunos lo son más que otros.

(fuente: Muy Interesante, enero 2009, pág. 25)

(clic aquí para sumarte a la campaña de las linces)

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Publicado en on Miércoles 18 marzo 2009 at 2:45 pm  Dejar un comentario  
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