¿Cómo voy a escribir del amor? (Basilio Pozo-Durán)

Quienes la mayoría de la gente consideraría mis amigos (en verdad sólo almaceno en mi cerebro alguna información no contrastada acerca de sus vidas), me dicen que cómo escribo historias de amor tan sentidas si en realidad no me han pasado a mí. Y rastrean como detectives los indicios de esa relación de amor que no me atrevería a confesar pero que sí me gusta contar en forma de relato literario. Yo entonces les respondo que la poesía, la literatura en general, es como los chistes, que si se explica pierde su gracia, su magia.

Es sólo una respuesta fácil y breve para no desperdiciar mis limitadas energías en discutir con tales militantes de la ideología del amor, que podríamos denominar “amorismo”. Al contrario de lo que creer (que no piensa) la mayoría de la humanidad, en las relaciones interpersonales el amor es sólo un ornamento más al mismo nivel que un pendiente en la oreja o la gomina en el cabello. Pasa igual con la fe de las catedrales, que es mero adorno, lo esencial es la matemática, el trabajo obrero en las canteras, los artistas apadrinados por mecenas. El dios en cuyo honor se construyeron es lo más ornamental que hay en ellas. Es decir, si no existe dios las catedrales siguen siendo catedrales y siguen teniendo sentido. No podrían ser catedrales si perdieran todo lo demás. Para que haya catedrales no hace falta que haya dios. Así para que haya relaciones interpersonales no hace falta amor (ni tampoco sus derivados). El amor que es idea lo es como adorno.

Así que una respuesta sincera sería: aprendan a leer de nuevo porque yo no escribo historias de amor. Sencillamente porque para mí el amor no existe y por tanto es imposible que ocurran historias de algo que no existe. Sólo existe la idea del amor, que como toda idea no puede ser medida en términos de existencia sino de creencia, de adscripción del pensamiento personal a sus principios y a su lógica. Así la idea “amor” está constituida por ideotemas como sacrificio, entrega, desinterés, generosidad, compromiso, pareja, perdurabilidad, emoción, felicidad…

Por supuesto, mi punto de vista sobre el amor y su inexistencia en cuanto a idea es más que flexible, pues toda idea pasa a existir siempre que sus principios sean comprobables en la realidad material. No he encontrado todavía ninguna realidad amorosa. Estoy tan abierto a encontrarla como abiertas están las agencias espaciales a encontrar agua donde es más que improbable que haya. Sólo por una cuestión de economía temporal (no quiero dedicar tiempo a algo tan improbable) es por lo que decido negar la existencia del amor y mostrarme contrario a su idea.

La idea del amor, cuando se aplica a la realidad, es sólo una falacia. Falacia no porque sea “falsa”, lo que conllevaría la creencia en una “verdad”, sino en cuanto que falsea la realidad, esto es, la camufla, la oculta, la manipula, la “desrealismiza” (le quita realidad, realismo). Cada vez que a la realidad la nombran con la idea “amor” (y sus derivados) yo sólo veo camuflaje, simulación, parodia; un “hacer-como-que” que no hace nada.

No niego la alegría, la atracción, la seducción, el “estar-a-gusto-con”, la confianza, la complicidad, la pasión, el deseo sexual… Sí me niego a concebirlo bajo el paradigma del amor. Bajo él, las relaciones entre personas se convierten en parejas que de tan unidas no son más que monstruos de dos cabezas, una bicefalia absurda, dos que piensan como una, el pensamiento reducido a la mitad, medias naranjas que no son naranjas al igual que media persona no es persona. Entonces nada más deshumanizador que el amor, un dios pagano al que tanto dolor inútil se le ofrece día a día. Por eso es que el mayor dolor viene siempre por el camino del amor.

Y yo no hago algo que me daña, que me causa dolor, sufrimiento; y si no lo hago (¡oh, están leyendo a alguien que no ama, qué horror!), ¿cómo voy a escribir del amor? De los relámpagos apasionados que adormecen la conciencia, de los papeles que firmar para que el Estado sepa de lo nuestro, hacerlo todo juntos, consultarte si puedo ir a / con, vivir para ti, obligarte a hacerme feliz, compartir un hogar, reducir la importancia de mis amistades…

De las falsas promesas, del olvido, de la hipocresía, del interés, del tiempo haciendo nada, de lo dado sin lo recibido, de la indiferencia, de la traición, de los nudos, de las ganas de no tener más ganas, del frío, del sudor, de la incomunicación, del silencio, de la soledad, del engaño, del vacío… ¿Cómo voy a escribir de todo eso, del amor? Me interesan cosas más bellas.

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Publicado en on Jueves 12 marzo 2009 at 10:37 am  Comentarios (1)  
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Un ComentarioDeja un comentario

  1. A mì me gusta hablar del amor como estado de ànimo, como algo que no posee forma ni hogar que lo contenga.
    Cuando al amor le construìmos una casita con deberes y horarios de trabajo es cuando empiezan a surgir todas las contraindicaciones. Pasamos entonces de hablar de amor a hablar de relaciones sentimentales… Y todo se vuelve màs pesado y difìcil.
    El amor vive en el aire, es nòmada. Sin embargo, nuestra mala costumbre de querer poseer lo que no se puede poseer nos sigue tentando.
    Como también a veces se intenta analizar lo que la literatura voluntariamente prefiere no mostrar del todo. Es otra forma de posesiòn.
    Un abrazo..


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