Lo que aquí aprendí no lo tuve que estudiar (Basilio Pozo-Durán)
Que lo que ahora soy no es lo que fui, pero habría sido imposible llegar a ser lo que ahora soy sin pasar por todo lo que una vez fui. Experiencias pasadas que trazan surcos en mí, y que no son el agua de hoy, pero pusieron los caminos, abrieron compuertas y pusieron diques a mi forma de vivir.
En este pasillo vacío que ahora mi memoria empieza a llenar. De ecos de esa voz, y de esa otra, de ese acento, de esa forma tan reconocible de reír. De formas de mirar, de aquella ropa que sólo te ponías cuando necesitabas ese color para no estar demasiado triste. Y cómo te sentabas en ese banco, siempre muy cerca del calefactor por el frío. La primera vez fue mientras esperábamos para entrar a hispanoamericana. Estabas sentada así: la espalda separada del respaldo, justo en el borde del asiento, con un libro de bolsillo sobre tus rodillas, ligeramente agachada, lo leías como quien busca una hormiga entre mil. ¿Qué lees? Yo ya lo sabía, se veía en el margen superior de la página que estabas leyendo. Era una antología de cuentos de Cortázar. Y como respuesta empezaste a leerme uno como si quisieras que viera por tus palabras todo lo que Cortázar pensó al escribir esos cuentos.
Y como ésa, muchas lecciones más que nunca estudié. La intriga por cómo será esa profesora, si se le entendería bien a tal profesor. Que si escribe, que si da una conferencia, que si están liados, que si con éste no hay forma de aprobar si no… bueno, ya sabes.
Y en medio de todo aquella mesa de la cafetería. Sí, exactamente ésa y no otra. No por nada, sólo porque fue donde nos sentamos la primera vez que nos decidimos a hablar en un sitio que no fuera ni un aula ni un pasillo. Zumo de naranja y té frío. Y una caña de chocolate para dos de la máquina expendedora.
Hoy esas lecciones apenas están en forma de objetos, de pintadas en las puertas de los servicios, de rincones por donde se cuela el atardecer y unas bonitas vistas de la ciudad, del mundo. Entre soledad, desilusión, fracaso, olvido, odio, miedo, indiferencia hallé una flor en este desierto. Porque hace mucho calor en el día y demasiado frío en la noche. No era de aquí ni de allí sino de todos lados. Pero, hoy sé que para bien, nos ganó el desierto.
Para saber esto no tomé apuntes ni memoricé absurdas frases. Sólo decidí, hace ya algún tiempo, dar mis certezas a los contenedores de reciclaje, sustituir el miedo a lo diferente por la curiosidad de la duda. Y las ganas de seguir caminando sin una cuenta atrás que me anunciara la pronta llegada a mi destino.
Y te encontré. Estabas aquí desde hace tiempo. Fue como decidirme a habitar una casa nueva que sin embargo me resultaba familiar. Y entonces besé, amé, miré, escuché, abracé, hice el amor, me atreví, dije sí cada día y dí las gracias a todo lo que aquí aprendí.
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Para leer:
Extinción (Adriana Davidova – divertinajes.com)
[...] Algunos cantan la victoria sobre tu muerte, otros te lloran, otros confirman sus teorías… entristecidos o alegres por ello, asienten con la cabeza la cotidianidad de la vida o su tragedia o su falta de poesía… Y tú observas. Alguien que te amaba, ahora está intentando encontrar tus besos o aún mejores, en los labios de otra o de otro, y tú lo ves… se esparcen más aún tus cenizas… Esperas. Te preguntas si mereció la pena volar tan alto y tan veloz. Te preguntas. Tan sólo te preguntas. Alguien a quien tú amabas, está sentado o sentada y quieto… mirando hacia la calle, hacia la puerta, hacia la ventana… espera que vuelvas, que entres, que llegues… Pero tú has ardido y no puedes ir, aunque quisieras, aunque hicieras lo posible, aunque lo intentaras con todas tus fuerzas. [...]
¿Te vacunarías contra el amor? (Glenys Álvarez – sindioses.org)
[...] A lo mejor sería una forma de erradicar los estúpidos crímenes pasionales, los peligrosos celos y los inevitables deseos de posesión. Ningún joven se creería Romeo ni Julieta para morir por una emoción que, aunque intensa y placentera puede ser, además, pasajera. Imagino días sin tiempo perdido en reproches, odio y culpabilidad. Al manipular el amor, no nos enamoraríamos de quien no nos ama ni de la pareja no “indicada”; la media naranja sería aquella con quien elijas tomarte la poción, y ese otro amor que te hace sufrir y te desespera, pues contra ese te vacunas y punto. [...]
Para ver:
Granada Acoge presenta su memoria de actividades durante 2008
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Hola, acabo de poner el enlace de este blog en el mìo. Asì podré leerte a menudo.
Basta una flor para dar sentido a todo un desierto. Me alegro por la que tù encontraste.
Pero, vacunarse contra el amor: nunca!!