La costumbre de contar (Basilio Pozo-Durán)

La costumbre de contar (Basilio Pozo-Durán)

Cien, mil, millón, billón. Diez. Uno. La fuerza de la costumbre de contar. Los valores en bolsa, los activos y los pasivos de una empresa, como son números también les parecen infinitos a los capitalistas. Una creación de riqueza en crecimiento exponencial hacia el infinito. Siempre se puede ganar más, hay que ganar más. Pero tanto los números como esa creación de riqueza son sólo conceptos, no existen, no son de carne y de hueso.

Se informa del índice de PIB per cápita de un país como prueba del enriquecimiento o empobrecimiento de su población en el último año. Y lo admitimos como un dato cierto y fiable aunque sabemos que ningún país toma el conjunto de su PIB anual y lo reparte en partes iguales entre todos sus ciudadanos. Sin embargo, nos seguirán dando el dato de PIB per cápita (por cabeza) y nosotros nos creeremos más ricos, aun cuando nuestro dinero disponible en el último año haya disminuido.

Desde la industrialización primitiva de los países, el peso de los salarios respecto al PIB total del país no ha hecho más que disminuir año tras año y en la mayoría supone sólo entre el 30% y el 40%, cada vez más cerca del 30% que del 40%. Por eso la ralentización en el aumento de beneficios de una empresa supone más pérdida (estadística) de riqueza para un país que el despido masivo de un importante porcentaje de la población activa del país. Esta población es invisibilizada por el Estado al no ser contada como PIB con igual valor y a igual escala que los beneficios empresariales.

Ni el neoliberalismo ni la socialdemocracia han frenado ni revertido el desplome del peso de los asalariados en la economía total de sus países. El único plan no confesado de ambas ideologías para las próximas décadas es hacer aceptable para las masas un peso de los salarios respecto al PIB del país de entre el 20% y el 30%. Basta con presentarnos como emprendedores a sujetos cuyos comportamientos y valores están inspirados en la mentalidad de los medievales señores feudales.

La función de todo Estado que se precie de serlo es la redistribución justa de la riqueza que produce. Si ya es un hecho comprobado la renuncia del Estado a esta función sin que hayamos asistido en consecuencia a su desaparición, es porque definitivamente el Estado ha llegado a ser un agente necesario para la supervivencia y fortalecimiento del capitalismo.

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Publicado en on Lunes 17 noviembre 2008 at 12:18 pm  Dejar un comentario  
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