Ruido triste de dos cuerpos (Basilio Pozo-Durán)
Ssshh… ¿Oyes lo que yo? No, no me refiero a eso. No es como un rumor de olas. No, no es eso. Tampoco el roce de las hojas de ese árbol. No es eso. Ni el crujir débil de las puertas. Tampoco es eso.
Ssshh… ¿Ahora sí? ¡Eso es, exacto! Mira cómo lo han dejado todo. Este frío de sábanas desordenadas, estas gotas de naturaleza sobre la mesa, estas paredes haciendo eco de sus torpes gestos.
Y ahora, si te acercas a la almohada, ¿escuchas? Sí, suena como a violín gastado, a baldosas resquebrajadas. ¡Sí! Y a bolsas de basura sin cerrar.
Ssshh… Pero tranquilízate, sólo son recuerdos ajenos, ondas de un estanque putrefacto que no es el nuestro. Si cierras los ojos verás el ruido triste de dos cuerpos:
La boca irremediablemente pequeña para su sexo, el apretar bruto de unos pechos como si fueran un bandoneón abandonado, las piernas cortas que no abren camino al túnel del deseo, el vientre abultado que pesa más que los gritos de dolor, el placer alcanzado sin compás. Ni una palabra, ni un beso, ni un abrazo o caricia. Sólo el ruido triste de dos cuerpos.
Ya puedes abrir los ojos. Pero… ssshh… ¿lo sigues oyendo como yo?



muy profundo e inmensamente trizte